Nuestros pies están expuestos diariamente a multitud de inconvenientes, ya sea en unas épocas por el zapato cerrado o en otras por el calzado abierto, siempre son una parte en la que se producen roces y fricción que acaban generando problemas óseos, musculares o estéticos, como pueden ser los callos.

Los callos pueden aparecer en cualquier parte del pie, aunque normalmente lo hacen en una zona ósea, y vienen a ser básicamente un engrosamiento de la piel que surge como mecanismo de defensa para proteger al pie de la presión excesiva y repetitiva o fricción.

El engrosamiento se produce por una acumulación de células muertas de la piel que se endurecen sobre un área concreta del pie. En un principio esto no genera ningún dolor pero sí puede llegar a producirlo si alcanza las terminaciones nerviosas.

Los callos suelen aparecer en la base del pie, el talón o en la parte superior o lateral de los dedos de los pies.

Realmente no existen unas personas más predeterminadas que otras para la aparición de los callos, pueden ser hombres o mujeres (suele ser más frecuente porque llevan calzado estrecho con más frecuencia) aunque sí existen determinados factores que influyen.

Factores que contribuyen a la aparición de callos en los pies
  • El principal factor puede ser el uso de calzado inadecuado, ya sea por un diseño inadecuado del mismo, porque no se adapte al pie o por ser demasiado estrecho.
  • Los callos también pueden deberse a la propia morfología del pie, al envejecimiento, artrosis, enfermedades reumáticas, a una posición incorrecta de los huesos del pie, alguna prominencia ósea o a que la mecánica del pie sea incorrecta.
  • Otro factor también puede ser el estilo de vida, ya sea por llevar una vida demasiado activa o por pasar demasiado tiempo de pie sobre superficies duras.

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